Entre Suiza y el abismo

La repetición de críticas y defensas afecta la percepción ciudadana sobre la política dominicana actual.

Santo Domingo.– Escuchando al presidente Abinader y a los opositores —uno rindiendo cuentas y otros respondiéndole—, la pregunta obligatoria que debemos hacernos es: ¿a quién creerle? Los oficialistas parecen vivir en un país parecido a Suiza, mientras que sus contrarios afirman que nos dirigimos, como mínimo, hacia un Estado fallido.

Es la escena común de cada 27 de febrero, donde el informe del gobierno termina convirtiéndose en un juego de dimes y diretes.

Precisamente la repetición de los mismos «argumentos», «cuentas» o «cuentos» hace que el pueblo se interese cada vez menos.

Esto ocurre ya sea por las mentiras (de ambas partes) y las críticas infundadas, o porque simplemente se ha desvanecido la esperanza de tener un gobierno diferente, alejado de las prácticas clientelistas impuestas por el balaguerismo.

Hay que tener claro que un político no solo se desacredita por prometer lo que no va a cumplir, sino también por criticar los aciertos de quienes están de turno, cuando ellos mismos no supieron realizarlos mientras estuvieron en el poder; popularmente diríamos: «palo si boga y palo si no boga».

Ante todo esto, solo nos queda analizar las circunstancias, ejercer el buen juicio, sacar nuestras propias conclusiones y descartar a aquellos políticos tipo «Mitrídates», que no pueden vivir sin inyectar una pequeña dosis de veneno en el diario vivir de la población.