Episcopado dominicano llama a renovar el compromiso bautismal ante desafíos sociales

El episcopado dominicano expresa su preocupación por los desafíos sociales, como las consecuencias de la corrupción.

Conferencia del Episcopado Dominicano (CED)

Santo Domingo.– Con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia, la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) exhortó a una renovación profunda del compromiso bautismal como respuesta a los graves desafíos sociales que afectan a la República Dominicana, entre ellos la crisis familiar, la corrupción, la injusticia y la violencia.

El llamado está contenido en la Carta Pastoral titulada Renovación y compromiso bautismal, desde una perspectiva sinodal”, en la que los obispos subrayan que el pecado y la injusticia no tienen únicamente una dimensión individual, sino también social.

En ese sentido, expresan su preocupación por las consecuencias de la corrupción, especialmente cuando esta priva a los ciudadanos de servicios esenciales y vulnera la dignidad humana. Señalan que “las manos manchadas por la corrupción” han negado medicinas y derechos fundamentales a muchos enfermos.

La CED reclama, además, que la justicia actúe sin privilegios ni impunidad. “Que la mano de la justicia, sin privilegios para nadie, sepa sancionar de modo ejemplar a todos según el tamaño del daño causado a la sociedad por la corrupción”, afirman los prelados, insistiendo en que el bien común debe prevalecer sobre los intereses particulares.

Familia, jóvenes y defensa de la vida

En la Carta Pastoral, los obispos colocan a la familia en el centro del compromiso bautismal y social.

Reconocen que muchas realidades familiares “desgarran el corazón del ser humano” y expresan su cercanía a quienes sufren, evocando las lágrimas de Jesús ante la tumba de Lázaro. Lamentan especialmente las muertes causadas por la violencia intrafamiliar, la delincuencia, la inseguridad ciudadana, los accidentes de tránsito y la pérdida de tantos jóvenes involucrados en el crimen y las drogas.

Asimismo, hacen un llamado firme a la protección de niños, niñas y adolescentes, denunciando toda forma de violencia, exclusión y descarte, y exhortan a la sociedad a asumir una responsabilidad colectiva frente a estas realidades que atentan contra la vida y la esperanza.

Escucha, diálogo y cultura del encuentro

Desde una perspectiva sinodal, la CED destaca la importancia de la escucha y el diálogo como caminos para sanar las divisiones sociales. Los obispos advierten sobre el uso deshumanizante de los medios digitales cuando se emplean para la violencia, el odio o la desinformación, y exhortan a aprovechar las nuevas tecnologías para difundir el bien, fomentar el diálogo, proteger a los débiles y promover la verdad.

El episcopado recuerda que el bautismo es el fundamento de una vida nueva que transforma las relaciones humanas y sociales. “Por el bautismo entramos en una nueva relación con Dios, con los demás y con toda la creación”, señalan, indicando que esta relación está llamada a vivirse en comunión, participación y corresponsabilidad.

Los pastores de la Iglesia católica advierten que la sociedad dominicana atraviesa un contexto marcado por relaciones fracturadas y múltiples formas de violencia, visibles en la violencia intrafamiliar, la inseguridad ciudadana, la discriminación, la difamación y el descarte de los más vulnerables.

Cuidado de la creación y llamado a la esperanza

En relación con el medio ambiente, la CED afirma que la creación no debe verse como una propiedad para explotar, sino como un don confiado a la responsabilidad humana.

Expresa preocupación por la contaminación, la acumulación de basura y la presencia masiva de sargazo en las playas, e insta a promover decisiones públicas responsables.

Finalmente, los obispos invitan al pueblo dominicano a renovar su compromiso bautismal mediante la renuncia a toda forma de mal, violencia y corrupción, y el compromiso de vivir como hermanos, trabajando por una sociedad más justa y solidaria.

“Todos nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo”, concluye la Carta Pastoral, alentando a vivir la fe como fuente de esperanza y transformación social.