Fernández destacó su papel como observador electoral y la falta de legitimidad en el proceso venezolano como origen de la crisis.
Santo Domingo.– El expresidente dominicano Leonel Fernández reaccionó este martes a la crisis venezolana desatada tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, un hecho sin precedentes en la región bajo el gobierno de Donald Trump, con un discurso centrado en la defensa del derecho internacional, el rechazo al uso de la fuerza y la reivindicación de su papel como observador electoral en los comicios del 28 de julio de 2024.
Fernández, presidente del partido Fuerza del Pueblo, calificó la operación militar estadounidense como un acontecimiento “en proceso de evolución”, y afirmó que su principal preocupación es evitar un derramamiento de sangre que afecte al pueblo venezolano. Reiteró que la salida a la crisis debía haberse producido, y aún debería producirse, por la vía del diálogo y el consenso, insistiendo en que el desconocimiento de la legitimidad electoral de 2024 fue el punto de quiebre que condujo al desenlace actual.
En ese contexto, recordó que, como observador electoral, se negó a avalar la proclamación del candidato oficialista debido a la ausencia de actas de escrutinio, postura que, según afirmó, fue compartida tras consultas con expertos de la ONU, el Centro Carter y asesores del gobierno brasileño.
A partir de ahí, Fernández sostuvo que fue “de los primeros” en diagnosticar la crisis de legitimidad y en proponer un diálogo político interno como vía de solución.
No obstante, el énfasis del exmandatario estuvo menos en la naturaleza autoritaria del régimen chavista y más en la crítica a la intervención extranjera. Fernández dedicó buena parte de su discurso a citar extensamente la Carta de las Naciones Unidas, la OEA, al Papa León XIV, al secretario general de la ONU, António Guterres, y a gobiernos como Brasil, México y Chile, todos contrarios al uso de la fuerza.
En ese recorrido, la captura de Maduro fue presentada como una violación a la soberanía venezolana, más que como el desenlace de años de denuncias por fraude electoral, represión y colapso institucional.
El exjefe de Estado dominicano también aprovechó para cuestionar al gobierno actual de la República Dominicana, al que acusó de haber perdido la oportunidad de erigirse como mediador regional o “capital de la paz”, en contraste con el rol que el país desempeñó en 2008 durante la crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela. Fernández se presentó, además, como un actor coherente en materia democrática, subrayando que gobernó tres períodos sin intentar modificar la Constitución para perpetuarse en el poder.
En un momento en que la comunidad internacional debate si la captura del mandatario venezolano constituye una agresión ilegal o el colapso final de un régimen cuestionado, Fernández optó por un lenguaje prudente, casi académico, que elude definiciones contundentes.
Así pues, durante casi un cuarto de siglo, nuestro papel en Venezuela ha sido el de alguien que, en comunicación con el gobierno y los distintos grupos de oposición, ha actuado siempre de manera desinteresada en favor de la paz, la concordia y la democracia del pueblo venezolano. De eso podemos decir que nos sentimos profundamente orgullosos, pues ha sido también una forma simple y sencilla, pero honesta y profunda, de contribuir a devolverle a Venezuela todo lo que ese país ha contribuido con nuestra República Dominicana, a recibir en su tierra a nuestro padre fundador, Juan Pablo Duarte, y a apoyar a los líderes del exilio en sus luchas por derrocar la dictadura de Rafael Leónid Astrujilla. El drama de Venezuela sigue en una diaria evolución, razón por la cual desde la Fuerza del Pueblo hacemos un llamado a la sensatez, a la tolerancia y al diálogo, para que entre todos los miembros de la familia del pueblo venezolano, vuelva a resplandecer la llama de la libertad, la justicia y la democracia, expresó Fernández, poco antes de terminar su discurso.
Al cierre, el líder de Fuerza del Pueblo volvió la mirada al escenario interno, enumerando problemas como el alto costo de la vida, la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos, en un giro que sugiere que su mensaje sobre Venezuela también tuvo un claro destinatario doméstico.