República Dominicana y la geopolítica de minerales

La inteligencia artificial se sostiene en una infraestructura física compleja que requiere minerales específicos.

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Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

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Santo Domingo.– En los debates contemporáneos sobre la revolución tecnológica, el análisis sostiene que la inteligencia artificial no puede comprenderse únicamente como un fenómeno digital, sino como un proceso profundamente material, mineral y geopolítico.

Minerales críticos y su rol en la inteligencia artificial

Detrás de cada algoritmo, de cada nube de datos y de cada modelo de lenguaje existe una estructura física dependiente de recursos naturales estratégicos, sin los cuales la economía digital simplemente no podría existir.

El argumento central establece que no hay inteligencia artificial sin minerales críticos, y que, por consiguiente, tampoco puede hablarse de soberanía tecnológica sin el control o acceso estable a dichos recursos.

Estados Unidos depende en un ciento por ciento de importaciones para elementos esenciales en la fabricación de semiconductores, entre ellos galio, germanio, indio, tantalio, arsénico y fluorita.

Esta realidad coloca a la inteligencia artificial en el mismo plano estratégico que ocuparon el petróleo en el siglo XX y el acero en el siglo XIX, pues los "cerebros" de la economía digital descansan sobre cadenas de suministro extranjeras, configurando una vulnerabilidad estructural que trasciende lo meramente tecnológico.

La paradoja histórica es evidente: la potencia que lidera el desarrollo del software y de la innovación algorítmica depende materialmente de territorios que poseen los recursos físicos indispensables para sostener esa supremacía tecnológica.

China, que domina amplios segmentos de la refinación de tierras raras y de varios de estos metales estratégicos, emerge así como un actor estructural del nuevo orden digital global.

La rivalidad entre Estados Unidos y China, desde esta perspectiva, no es solo tecnológica, sino esencialmente minera y logística.

El mapa mineral de los centros de datos permite distinguir tres capas de poder que sustentan la arquitectura material de la inteligencia artificial.

    La primera es la capa electrónica, integrada por metales como plata, cobre, estaño y tantalio, indispensables para la circuitería.

    El hecho de que la plata, por ejemplo, presente una alta dependencia externa confirma que incluso los metales tradicionales siguen siendo decisivos en la nueva economía digital.

    La segunda es la capa térmica, basada en aluminio y cobre para disipar el calor generado por los servidores, lo que revela que la inteligencia artificial funciona, en esencia, como una gigantesca máquina térmica global cuya estabilidad depende de la gestión energética y de materiales conductores.

    La tercera es la capa estratégica de los chips, compuesta por galio, germanio, indio y platino, donde se concentra la vulnerabilidad central: quien controle estos minerales controlará la arquitectura física de la inteligencia artificial.

    Implicaciones para América Latina y República Dominicana

    Este enfoque tiene implicaciones directas para América Latina y, en particular, para la República Dominicana.

    Los recursos minerales dominicanos —oro, plata, níquel y el potencial de tierras raras— no deben considerarse únicamente como commodities exportables, sino como activos estratégicos dentro de la nueva economía tecnológica mundial.

    El auge de la inteligencia artificial transforma la minería en geopolítica pura, redefiniendo el valor de los recursos naturales en función de su papel en las cadenas globales de valor tecnológico.

    Si el siglo XX estuvo marcado por la diplomacia del petróleo, el siglo XXI estará marcado por la diplomacia de los minerales críticos.

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    La inteligencia artificial no sustituye la geopolítica clásica; la profundiza y la reconfigura sobre nuevas bases materiales.

    En ese contexto, resulta revelador que el oro mantenga una dependencia neta nula en Estados Unidos, lo que subraya que los metales preciosos tradicionales continúan conservando un valor estratégico en la arquitectura financiera global.

    Esta observación se vincula con los análisis previos sobre el papel del oro dominicano como factor de soberanía financiera y de equilibrio macroeconómico.

    El debate fundamental ya no se limita a quién liderará los algoritmos, sino a quién garantizará el acceso estable a los materiales que permiten fabricarlos.

    La economía digital, que en apariencia parece etérea e intangible, descansa en realidad sobre una base física tan concreta como lo fueron el hierro en la revolución industrial o el petróleo en la economía del siglo XX.

    En el siglo XIX, el hierro y el acero permitieron construir ferrocarriles, puentes, fábricas y barcos; las potencias industriales eran, en esencia, potencias metalúrgicas. Quien controlaba el hierro y el carbón controlaba la capacidad productiva y, por extensión, el poder político y militar de su tiempo.

      En el siglo XX, el petróleo reorganizó la geopolítica mundial en torno a los campos petroleros, las rutas marítimas y los oleoductos. Las guerras, las alianzas estratégicas y las doctrinas de seguridad nacional se redefinieron en función del acceso a ese recurso energético. El petróleo no fue simplemente un combustible, sino el cimiento material del orden mundial contemporáneo.

      En el siglo XXI, la economía digital parece distinta porque opera mediante datos, plataformas y algoritmos invisibles.

      Sin embargo, esa apariencia resulta engañosa. Detrás de cada nube de datos existen centros de cómputo gigantescos; detrás de cada modelo de inteligencia artificial hay millones de microchips; y detrás de cada microchip se encuentra una combinación compleja de minerales críticos: galio, germanio, indio, tantalio, tierras raras, plata y cobre, entre otros.

      La economía digital no flota en el vacío: se apoya en minas, refinerías, fundiciones, cables, obleas de silicio y sistemas de refrigeración intensivos en metales conductores.

      La llamada "nube" es, en realidad, una red mundial de infraestructuras físicas extremadamente dependiente de materiales estratégicos.

      De ahí que la afirmación central del análisis no sea una metáfora literaria, sino una constatación histórica: así como el hierro hizo posible la revolución industrial y el petróleo estructuró la geopolítica del siglo XX, los minerales críticos constituyen la base material de la inteligencia artificial y de la economía digital contemporánea.

      Esto implica un cambio profundo en la naturaleza del poder internacional. No basta con dominar el software o la investigación científica; es indispensable garantizar el acceso estable a los recursos naturales que permiten fabricar los componentes electrónicos.

      La soberanía tecnológica se vuelve inseparable de la soberanía mineral.

      En consecuencia, las tensiones entre grandes potencias no se explican únicamente por la competencia en innovación, sino por el control de las cadenas de suministro de minerales estratégicos y de su refinación industrial.

      La supremacía en inteligencia artificial depende tanto de los laboratorios de investigación como de la geografía de los recursos y de la logística global que los transforma en componentes electrónicos.

      En este escenario, países con reservas minerales estratégicas, aunque posean economías relativamente pequeñas, adquieren una relevancia inesperada en la jerarquía del nuevo orden mundial.

      La República Dominicana, con su tradición minera y su ubicación geopolítica en el Caribe, podría convertirse en un actor significativo si articula su política minera con una visión de desarrollo tecnológico soberano y de largo plazo.

      La lección histórica que se desprende del análisis es clara: quien controla la materia prima controla el futuro. En la era de la inteligencia artificial, la materia prima decisiva ya no es el petróleo, sino los minerales críticos que hacen posible la computación avanzada y, con ella, la configuración del poder global en el siglo XXI.

      Victor Grimaldi Céspedes

      Victor Grimaldi Céspedes

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