Ciudad Colonial: patrimonio cultural agredido por el neoliberalismo

El deterioro, el abandono, y los malos olores en la histórica calle El Conde, han continuado su agitado y deprimente curso.

Análisis de la restauración Ciudad Colonial Santo Domingo y el financiamiento BID en el proyecto de remodelación histórica.

Santo Domingo.– En agosto del 2013 se inició la primera etapa del proyecto del convenio entre el Ministerio de Turismo-MINTUR del gobierno de Danilo Medina-PLD y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con el propósito de restaurar y remodelar la vieja Ciudad Colonial de Santo Domingo, a un costo de 60 millones de dólares, erogando primero 30 millones y luego 30 más.

Dadas esas limitaciones de financiamiento, la ejecución del proyecto fue dividida en dos fases y dos partes de la ciudad.

La primera debió ser ejecutada desde la calle José Gabriel García hasta la altura de la calle Restauración.

En el tramo entre la calle Restauración y avenida Mella-Santa Bárbara, solo se contempló adoquinar sus vías, reparar sus aceras, remodelar la iglesia y la plaza, sin cableado subterráneo.

De la vertiente de ese barrio, comprendida entre la calle Isabel la Católica y avenida Francisco Alberto Caamaño (ave. Del Puerto), no se habló y sigue sin contemplarse su remodelación.

La segunda fase incluye la parte Sur de la Ciudad situada entre la calle Las Damas y la Palo Hincado.

Finalmente, con esos 60 millones de dólares, destinados a toda el área colonial prometida, el Gobierno de Danilo de Danilo Medida solo restauró tres calles y las que las cruzan: Las Damas, Isabel La Católica y Arzobispo Merino, desde la José Gabriel García (sin incluirla) hasta la Mella. Y nada de auditoría del BID.

El deterioro, el abandono, y los malos olores en la histórica calle El Conde, han continuado su agitado y deprimente curso.

• CON ABINADER Y SU PRM.

Después del 2020 vino el reinado de Abinader (El Gran Privatizador) y de su PRM, para la que se anunciaron otros 90 millones de financiamiento BID, destinados a otro plan para concluir la restauración de todas las áreas abandonadas.

En esta nueva etapa se está avanzando a mayor velocidad con el mismo modelo de restauración y sin el tipo de corrupción anterior, pero empeorado el mismo diseño turístico-empresarial importado de España y condicionado por el gran capital inmobiliario.

La nueva impronta especulativa castiga y expulsa progresivamente a los habitantes tradicionales de la zona, sacrifica el valor de su historia y prioriza el negocio turístico, el consumismo y la cultura frívola y banal.

Esta etapa de la remodelación incluye -además de calles adoquinadas, calles solo asfaltadas y aceras del viejo modelo- negaciones de derechos a las micro y pequeñas empresas, enormes déficits en el cableado subterráneo, propensión a inundaciones, mayor caos en el transporte y expulsión de pobladores con viejas raíces.

Incluye anchas aceras de mosaicos de coralina al mismo nivel de calles de adoquines grises, bien estrechas y separadas por endebles pilotillos tubos o por grandes bolas de metal.

• EN RESUMEN:

-Vías que se suponen remodeladas para darle supremacía al peatón local y al turista de a pie, resultan -tanto por la anchura de las aceras como por la estrechez de calles solo transitables en un solo carril- sin seguridad y sin posibilidad de estacionamiento, ni siquiera de corta duración.

-Escasísima arborización y demasiado cemento.

-Drenajes y registros de cableados subterráneos vulnerables.

-Farolas modernas de estilo antiguo.

-Diseño que parece peatonal a simple vista, pero no lo es; y debería serlo en buena escala, siempre que se acompañe de normativas apropiadas y un sistema de transporte armónico con las calles de la ciudad colonial.

-Fronteras entre calles y calzadas sumamente vulnerables por vehículos pequeños y motocicletas, fácilmente obstruibles por vehículos de transporte de mercancías en áreas donde coexisten casas de familia, restaurantes, colmadones, tiendas y otros negocios.

Todo esto agrede el valor de esta zona cultural, declarada patrimonio de la humanidad, favoreciendo su condición de área de jolgorios recurrentes y mercado capitalista.

La Ciudad Colonial es un tesoro que vale muchísimo más que el oro de esta isla.

Tiene un valor intangible e inmedible por los códigos del capitalismo, la especulación inmobiliaria y financiera, el negocio turístico y la corrupción gubernamental-empresarial.

Especulación encabezada por el Grupo Vicini, que la han agredido y la siguen agrediendo voraz y cínicamente…simultáneamente tratada como culto a la conquista bendecida por la alta jerarquía de la Iglesia Católica, como simulacro.

El valor de la Ciudad Colonial es el valor de su belleza original y de la hermosa magia de los siglos y de sus ruinas.

Es el valor de las luchas libertarias que acogió en su seno, del trabajo creador de los pueblos originarios triturados por látigos y rocas, de los esclavos negros martirizados por el coloniaje…

Valor arquitectónico, estético, histórico-cultural, propicio para convertir la vieja ciudad en gran museo de múltiples facetas de nuestra historia y una inmensa fuente de enseñanza de la conquista, el exterminio de los pueblos originarios, la colonia, el Caribe, las tiranías, la independencia, la anexión, la restauración, la Revolución de abril y la guerra patria de 1965 y las consecuencias de la invasión militar estadounidense

    También es el valor de los seres humanos que por décadas la han habitado y disfrutado, y ahora se ven compulsados a abandonarla; cediendo a su conversión en vitrina complementaria del jugoso negocio turístico a cargo del gran capital criollo y transnacional y a su permanencia como museo de la historiografía colonial y espacio para las predicas fundamentalistas.

    Tesoro cultural transformado lentamente y a locas en zona de bares, hoteles y centros nocturnos, negocios ruidosos, comercio sexual, puntos de drogas, colas insufribles de vehículos, con pocos parqueos, muchos vehículos de motor, contenedores de basura improvisados y ceremonias hipócritas.

    Con anchas aceras y estrechas calles -ambas torpemente remodeladas, ambas al mismo nivel y convertidas indistintamente en rutas de las imprudencias de “delivery” y toda suerte de intrépidos motoristas civiles y militares, “amets” y escoltas de funcionarios incluidos.

    No faltan camiones de provisiones atascando el tránsito, sin espacio para operar. Ni establecimientos comerciales que usan aceras y parques como si fueran propios.

    Este cuadro, en gran medida silenciado por los grandes medios de comunicación, propio de un modelo de restauración mezclado con conservadurismo medieval extremo, fraudes inmobiliarios y desenfreno neoliberal, fue tratado recientemente por el diario Hoy con un título que reza suavemente así: “Trabajos de la zona colonial avanzan, pero las gentes siempre se quejan”.

    ¿Cómo no quejarse?

    ¡Hay razones para rebelarse