El Benito Bowl y la semiótica de la resistencia

El uso de símbolos puertorriqueños y la bandera con triángulo azul claro destacó la soberanía cultural en el evento.

Santo Domingo.– El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, protagonizado por Bad Bunny el 8 de febrero de 2026, representó una operación de comunicación estratégica sin precedentes que transformó un evento deportivo en un manifiesto de soberanía cultural y resistencia semiótica.

Bad Bunny y la estrategia comunicacional en el Super Bowl 2026

Desde la perspectiva de la comunicación, el artista utilizó su posición como el músico más escuchado del planeta en 2025 para desafiar las estructuras de poder tradicionales durante los trece minutos de mayor exposición televisiva mundial.

El eje central de esta estrategia fue la decisión de no "traducirse" para la audiencia anglosajona, liderando el primer show íntegramente en español en seis décadas de historia del evento, lo que la prensa internacional calificó como un hito de desobediencia lingüística y una validación de la identidad latina como el tejido mismo de la sociedad contemporánea.

Esta postura generó una polarización mediática extrema en Estados Unidos, donde medios liberales celebraron la justicia social del mensaje mientras sectores conservadores y la propia administración de Donald Trump interpretaron el uso del español como una afrenta a la identidad nacional y una invasión lingüística.

Impacto y simbolismos culturales en el espectáculo

Sin embargo, el análisis de impacto revela que esta tensión no afectó el éxito comercial del evento, el cual alcanzó una audiencia récord de 131.2 millones de espectadores, superando con creces las ediciones previas de Usher y Kendrick Lamar.

Bad Bunny logró expandir la base de seguidores de la NFL hacia mercados masivos en América Latina, Europa y Asia, demostrando que el orgullo identitario puede ser un motor de crecimiento global más poderoso que la asimilación cultural.

    En términos de semiótica visual, el show fue una obra maestra cargada de simbolismos que denunciaron el estatus colonial de Puerto Rico sin necesidad de un discurso político agresivo.

    El uso de campos de caña de azúcar y la pava no fue una simple referencia nostálgica, sino una reapropiación del "jíbaro" como símbolo de resistencia de la generación Z frente a las élites históricas.

    La interpretación de "El Apagón" sobre postes de luz fue una crítica directa a la precaria infraestructura energética de la isla, mientras que el uso de la bandera con el triángulo azul claro —el color original de los movimientos independentistas— envió un mensaje inequívoco de soberanía cultural frente al azul marino impuesto por el gobierno estadounidense.

    El éxito de esta estrategia radicó en lo que se ha denominado la política de la alegría, donde el artista transformó el estadio en una celebración comunitaria que incluyó referencias a la lucha contra la gentrificación y la protección de la infancia migrante.

    Al integrar a celebridades latinas no como estrellas de Hollywood, sino como miembros de una vecindad en una "casita" tradicional, Bad Bunny consolidó un cambio irreversible en la gramática de la cultura popular masiva.

    Creo que este hecho histórico confirma que la cultura latina ya no pide permiso para existir en los centros de poder, sino que lidera activamente la conversación global a través de una resistencia basada en el orgullo y la resiliencia.