El sanitario: el invento silencioso que salvó más vidas que la medicina

La ausencia de sanitario mantiene vigentes enfermedades erradicadas en Europa hace más de un siglo en otras regiones.

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Víctor Grimaldi Céspedes.

Víctor Grimaldi Céspedes.

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Santo Domingo.– Cuando se pregunta cuál ha sido el mejor invento del ser humano, la tentación inmediata es pensar en la electricidad, la imprenta, los antibióticos, las vacunas o, más recientemente, Internet y la inteligencia artificial. Sin embargo, si el criterio no es el prestigio tecnológico ni el brillo cultural, sino el impacto real sobre la vida humana —vidas salvadas, sufrimiento evitado, enfermedades erradicadas—, pocos inventos pueden competir con uno tan humilde como decisivo: el sanitario, acompañado del sistema de alcantarillado y saneamiento moderno.

Impacto sanitario en la salud pública

Es un invento discreto, casi invisible, al que rara vez se rinde homenaje. No genera admiración ni discursos épicos. Pero sin él, la civilización urbana moderna sería sencillamente inviable.

Durante siglos, las ciudades fueron auténticos focos de enfermedad. Las excretas humanas se arrojaban a las calles, a pozos abiertos o a ríos que, paradójicamente, servían también como fuentes de agua potable. El resultado era una circulación permanente de bacterias, virus y parásitos que convertía la vida urbana en un riesgo constante.

La introducción del sanitario, del alcantarillado cerrado y del tratamiento básico de aguas residuales redujo drásticamente las epidemias. Mucho antes de que la medicina moderna dispusiera de antibióticos o vacunas masivas, la simple separación entre los desechos humanos y el agua de consumo produjo una revolución silenciosa.

Aumento de la esperanza de vida y saneamiento

A diferencia de otros avances médicos, el sanitario no depende del comportamiento individual ni del nivel educativo de la población. Funciona de manera automática y colectiva, protegiendo incluso a quienes no son conscientes de su importancia.

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, la esperanza de vida aumentó entre 15 y 20 años en muchas sociedades occidentales. Ese salto se produjo antes de la penicilina y de la vacunación sistemática, gracias principalmente al saneamiento.

Aún hoy, miles de millones de personas carecen de saneamiento seguro. Allí donde no hay sanitario, las enfermedades que Europa erradicó hace más de cien años siguen siendo una realidad cotidiana.

    El sanitario no compite con la medicina moderna: la hace posible. Es el suelo invisible sobre el que se construye todo el edificio de la salud pública contemporánea.

    El sanitario no inspira épica ni orgullo tecnológico, pero ha hecho más por la vida humana que muchas innovaciones celebradas con entusiasmo.

    En la historia real, ocupa un lugar de honor: salvó millones de vidas sin hacer ruido.


    Victor Grimaldi Céspedes

    Victor Grimaldi Céspedes

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